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Tercer tiempo

Tercer tiempo

Un nombre

Para los madridistas Cristiano es más que un nombre. Cristiano o Cristiano Ronaldo. Podrían haberlo llamado Ronaldo, pero las connotaciones de este nombre llevaban a otro mito, el de Ronaldo Nazario, el gordito, sin duda más simpático que su homónimo portugués. Así que Cristiano ha terminado siendo tan sólo Cristiano, y con la fuerza de su fútbol (y de su físico) ha movido montañas. Su nombre es intocable en el Bernabéu.

Hombre de cristal

Esa pasión que desata el portugués lo ha convertido en un ídolo también para sí mismo. Su objetivo es ganar y marcar; no tiene en esa disposición a vencer tregua alguna. Como querría Roncero, él pretende ganar hasta en los entrenamientos. Todos quieren lo mismo, algunos con menos intensidad. Cristiano se ha convertido en un hombre de cristal, para los aficionados y para él mismo.

Los silbidos

Y él es especialmente sensible a esas críticas de la gente. Las ha habido en el último año, tan triunfal, y Cristiano se ha manifestado abiertamente contra ellas no sólo en sus declaraciones sino en el campo. Quienes hemos trabajado con escritores y sus egos entendemos muy bien con qué reticencia los astros resisten las críticas. Un silbido a Cristiano en el Bernabéu equivale a una mala crítica a un escritor puntilloso.

Animar al herido

Luego le toca al editor (o al entrenador, o a la directiva) restaurar el ego malherido. No es común que estas cosas lleguen a más: Luis Suárez, en la prehistoria, no se fue del Barcelona porque el entrenador no le quisiera, sino porque se inaugura la historia mundial del fichaje. Suárez ha mantenido el alma barcelonista, pero su carrera la hizo en el Inter. Fue triste para mí, un aficionado de muy lejos.

El peligro de irse

Entonces los futbolistas no se miraban demasiado el ombligo ni el peinado ni llevaban gadgets publicitarios sobre su piel o en sus calzoncillos. Ahora son iconos de la moda, incluso. Y se sienten intocables. Que la Hacienda pública se meta en sus cosas es como si le silbaran en el campo. Pero pasó. Y A bola puso en marcha el resto: Cristiano está enfadado, se va del Madrid. ¿Por Hacienda? Parece que sí.

Verdades y mentiras

Mario Vargas Llosa tiene ese libro sobre la ficción, La verdad de las mentiras. Y dice: “Las mentiras de las novelas no son nunca gratuitas: llenan las insuficiencias de la vida”. Confieso que no me creí lo que decía A bola hasta que esa bola, con perdón, siguió aumentando de peso. ¿Mentira, verdad? Dentro de toda mentira hay una verdad. El corazón es mimoso y cambia de casa por un alfiler.

Las insuficiencias

Ahora será cuando esté llenando el Madrid, puede imaginarse, las insuficiencias de la vida, para que esto sea una novela de ficción, no un ensayo de realidad. El aficionado tiene un alma muy voluble, como el futbolista mismo; ahora le parecerá un mundo que se vaya Cristiano, y ojalá, dirá seguramente, no se vaya nunca. Pero si se va… Si se va entonces empieza otra novela. Quizá Cristiano después de su mejor temporada.

El juego del verano

Sería bueno imaginar qué pasaría si eso estuviera ocurriendo con Messi. Pasó por mi cabeza la incertidumbre, tras la sentencia suprema. Pero parece que lleva encarrilada su continuidad como culé. Mientras sucede la intriga sobre el estado de ánimo de Cristiano sentiremos que estamos ante una novela de verdades y de mentiras, o de exageraciones. Toda novela tiene fin. Como los duelos y como los juegos.

La frase

Las mentiras de las novelas (...) llenan las insuficiencias de la vida. Mario Vargas Llosa, ‘La verdad de las mentiras’

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